Min Ron Nee 23 Mar 2006 Lo mio es un drama, casi una tragedia. Yo quiero al puro, pero el puro no me quiere a mi y me quema las corbatas JOSE MANUEL VILABELLA El otro día me estuve fumando un puro con Rafael Bernardo, el conocido prescriptor de los humos habaneros, y mi erudito amigo me habló de Min Ron Nee, un chino que vive en Hong Kong y que pasa por ser el coleccionista privado de puros habanos más importante del mundo. Al parecer don Min posee más de cincuenta mil ejemplares convenientemente ordenados y conservados y, como se fuma tres puros diarios, tiene una provisión para 16.666 maravillosas jornadas; o sea, cuenta con material para 47 años de delicioso fumeteo. El hombre puede dormir tranquilo. Qué maravilla. Rafael Bernardo es el autor del libro ‘El arte de conocer y disfrutar los puros habanos’, una obra documentada y amena que lo dice todo del entorno del habano y lo que hay que hacer cuando el veguero se apaga o cuando el condenado arde con dificultad o no tira lo suficiente. Don Rafael es un perito en la materia que influye en un amplio sector de la población fumadora y que asesora a conocidos cocineros, un prescriptor. Servidor, en cambio, aunque es un esporádico fumador de farias y un circunstancial consumidor de habanos, puede presumir de ser un fumador muy poco hábil y nada erudito; un auténtico, genuino y verdadero incompetente. Lo mío es un drama, casi una tragedia. Yo quiero al puro, incluso lo venero, pero el puro no me quiere a mí y me quema las corbatas sin ninguna consideración, agujerea mis elegantes pantalones de franela gris marengo y mancha de ceniza mis mejores chaquetas de Armani. Un desastre, oiga. El puro y yo tenemos una relación desigual que dura cincuenta años y me temo que a medida que pase el tiempo y que mis manos se vuelvan más temblonas, el puro -incluso mi amado farias, al que tanto quiero- se volverá cada día más despótico y cruel y me veré obligado a dejarlo, no como hago cada lunes con la precisión de un cronómetro, sino para siempre, hasta que la muerte nos separe, como me vi obligado a hacer con el chorizo, la morcilla, el tuétano, los seos, los riñones. Ay. Rafael Bernardo no conoce a Min Ron Nee porque detrás de ese seudónimo se oculta un médico prestigioso que no desea ser descubierto, un fumador de puros añejos que acude puntualmente a las más selectas subastas de habanos y puja por conseguir los mejores ejemplares del catálogo para consumirlos con delectación en la soledad de sus salones privados. Aunque se trata de un fumador reconocido universalmente muy pocos tienen el privilegio de conocerlo en carne mortal, pero son legión en todo el mundo los que han leído su obra: ‘Enciclopedia de los cigarros habanos posteriores a la revolución’. Don Min es un caballero misterioso que labora en su clínica durante todo el día y que, cuando llega la noche, se enfunda en su seudónimo, se pone un bonete y un batín de seda para estar cómodo y penetra con aire sigiloso en su cámara secreta, contempla durante unos minutos las miles de cajas primorosamente ordenadas, sonríe como un avaro complacido ante su tesoro, abre con parsimonia un cofrecillo de cedro y escoge un habano impoluto, lo mira con esa veneración con que se observan las obras de arte, lo acaricia y olisquea brevemente y lo enciende siguiendo el ritual y la liturgia de los eruditos y se lo fuma lentamente, mientras analiza el ir y venir de las caprichosas volutas de humo que no dejan de dibujar obscenidades y señoras en cueros vivos. Don Min es un hombre feliz que ama la libertad de la noche y se deja seducir por ella. Protegido por su nombre falso circula por Internet como Periquillo por su casa; es el rey de los foros privados, de los chats exclusivos, de los recodos aristocráticos. Cuando Min Ron Nee habla todos escuchan y aprenden, algunos toman notas y la mayoría reflexiona. Es el más sensible de los fumadores del universo, el que más sabe de vitolas y habaneras, el primer coleccionista de tijeritas, guillotinas, cerillas raras y mecheros singulares, el maestro. El otro día, sí, me fumé un puro con mi amigo don Rafael, un Cohíba, un robusto para ser más concreto. Los habanos son los puros más difíciles y complicados porque los habita un tsunami diminuto que los apaga y trata de destruirlos; el habano tiene algo de volcán y, a veces, sin avisar, se autodestruye y salta por los aires porque es un puro cainita que lleva el enemigo dentro. El puro habano expulsa a los malos fumadores, los desespera, los humilla, los deja en ridículo, los echa de su lado, los exilia. El habano es un puro cruel, para expertos. elcomerciodigital.com
gracias amigo por este relato, me has hecho sentir lo que hacía mucho no sentía leyendo, vivirlo como si estuviese ahí mismo. He visto al Sr. Min en su trabajo, lo he visto salir y llegar a su lugar secreto, ponerse cómodo y he visto todo el ritual que el Sr. Min sigue desde que entra en su cava privada asta que se enciende el puro.... Por su puesto no he querido seguir viendo mas y lo he dejado a solas para que disfrute tranquilo de su cigarro. de nuevo gracias, muy buenas letras. saludos.